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lunes, 23 de julio del 2018
El atleta amateur y su supervivencia alienada
Hace unas semanas culminé mi última misión para la NBA, proveyendo cobertura médica a su “Basketball Without Borders-Americas Camp” en Ciudad de México. Iniciativas como esta reúnen los mejores prospectos del baloncesto entre las edades de 13 a 17 años en el hemisferio. Cerca de 80 participantes de 15 países, gozaron de talleres intensos dirigidos por entrenadores y jugadores de la NBA.

Los atletas fueron provistos de alojamiento, comida, ropa y equipo para entrenar. Sobretodo, contaron con presencia médica continua que incluía ambulancias, paramédicos, entrenadores físicos entre otros. Mi rol fue dirigir esta comitiva médica y velar por el bienestar de estos chicos. Lamentablemente, muchos de ellos no alcanzarán su máximo potencial. No por falta de talento, sino a raíz de la inconsistencia en sus cuidados médicos a lo largo de sus carreras.

Un gran porcentaje de estos niños no tienen acceso a sistemas hospitalarios en su país de origen, donde atiendan sus lesiones o identifiquen condiciones de salud preexistentes que conflija con su participación. Por ello, aplaudo a entidades como la Federación de Baloncesto de Puerto Rico y su comité médico por el afán proactivo de velar por el bienestar de nuestros atletas.

Me resulta irónico que cuando por fin algunos de estos prospectos alcanzan sus metas y la compensación monetaria correspondiente, reciben tratos excesivos y hasta redundantes. Sin embargo, se invierte poco en procurar el bienestar de estos atletas cuando se encuentran en el punto más vulnerable de sus carreras: la niñez y adolescencia.

Una y otra vez me ha tocado diagnosticar condiciones que han pasado desapercibidas y potencialmente peligrosas durante estos campamentos. La reciente muerte del jugador de la NBA G-League, Zeke Upshaw, demostró que ningún ente está exento a tal catástrofe. Por ello, todo evento deportivo amateur o profesional debe estar provisto de presencia médica adecuada (ambulancia, paramedicos, doctores). Se deben establecer requisitos mínimos y consistentes en la cobertura de salud en eventos, y en el cuidado médico del atleta previo a la competencia, aplicable a todo país participante independientemente de sus recursos.

Mi recomendación a instituciones que velan por el desarrollo del deporte amateur local e internacional: escudriñen los sistemas hospitalarios privados en cada país. Les prometo, encontrarán instituciones dispuestas a auspiciar eventos y ofrecer cuidados médicos a cambio de la gloria publicitaria. Es fácil referirse a la solvencia económica de la NBA para cubrir tal inversión y mantener una presencia médica tan activa. Les aseguro existen formas creativas de poder lograr estos fines con inversiones mínimas.

Durante mis faenas con la liga, pude adquirir servicios gratuitos a cambio de la publicidad que produce colaborar de forma directa en sus eventos. El mismo concepto puede aplicarse al deporte amateur, presentando un plan convincente que asegure dividendos favorables a la institución por su auspicio. Se trata de probar el famoso “ROI: Return of Investment”. El deporte vende; los hospitales lo saben. Solo hay que validar con números y proyecciones que ser mecenas del deporte hoy día, es una inversión segura y bien remunerada a corto y largo plazo. Lograr un sistema de servicios médicos básicos y consistentes en las Américas es un proyecto imperativo y alcanzable.

Pagué las consecuencias por insistir en esta necesidad; cayó mal. Ahora soy libre; me debo a mi familia, profesión y conciencia. Se trata de jóvenes qué aún con sus impresionantes físicos, siguen siendo niños y niñas que llevan sobre sus hombros el futuro del deporte. Son héroes; sobrevivientes anónimos y enajenados que merecen mucho más.
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